sábado, 4 de julio de 2009

Vincent Van Gogh

Para continuar con la influencia que Holanda ha tenido en mí, habría que seguir con los artistas, sobretodo con Van Gogh . Traté de recordar exactamente cómo ese pintor llegó a mi vida, en qué momento llamó mi atención. Y la verdad es que no visualizo el instante con claridad.

Puedo decir que a Van Gogh lo recuerdo en mi niñez en el cuarto de una de mis tías que vivía con mi abuela. Y no precisamente lo recuerdo como Van Gogh, sino que tengo la imagen del cuadro en el contexto de aquella habitación. Era un cuarto azul: cama azul, mesa de noche azul, que por supuesto tenía cuadros azules. En ese espacio siempre hubo un cuadro grande azul que no entendía muy bien pero que me gustaba. Aunque no se decir si era sólo el cuadro, o el ambiente general del cuarto. Pero lo que sí es cierto es que aquél espacio era lo que más me llamaba la atención de la casa de mi abuela.

Un siguiente recuerdo que tengo de Van Gogh en mi vida es el de algún ejercicio que debíamos hacer para la clase de literatura en décimo, con un compañero. Los dos decidimos trabajar a Van Gogh unánimemente. Me imagino que para esa época el artista holandés ya captaba mi atención, aunque no recuerdo qué tanto. Sin embargo, en las imágenes de mi mente se dibuja claramente cómo trabajamos dos libros: las Cartas a Teo y un manual para entender la perspectiva extraña del pintor. Recuerdo que fue un trabajo sumamente enriquecedor, tanto que desde allí pude entender mucho mejor Noche estrellada, el cuadro que se encontraba en la casa de mi abuela. Por supuesto, hoy en día ese cuadro hace parte, ya no del ambiente del cuarto de mi tía, sino del mío.



Desde ahí he seguido las obras del artista holandés con curiosidad. Las reconozco, por el estilo, y me llaman muchísimo la atención. En diciembre del año 2004 tuve la oportunidad de viajar a Washington y visitar el Nacional Gallery of Art, museo en el cual, por vez primera, pude ver originales de Van Gogh. Por favor, reparen en mi cara de satisfacción…



Tomé fotos, además, de las pinceladas gruesas que logran conforman la figura. Creo que es lo que siempre me ha atraído más. Duré mi buen tiempo detallándolas. No podía ceer que estaba viendolas en vivo y en directo...

Publicado originalmente el 6 de octubre de 2006

Molinos


Claramente los molinos de viento aluden a Holanda. Han sido utilizados para transformar la energía del viento en energía mecánica y así poder sacar agua para los polders. Para más información haga clic AQUÍ .

Pero también se han vuelto famosos gracias al escritor Miguel de Cervantes Saavedra y su novela Don Quijote de la Mancha. En el capítulo “Del buen suceso que el valeroso Don Quijote tuvo en la espantable y jamás imaginada aventura de los molinos de viento, con otros sucesos dignos de felice recordación” los molinos de viento quedaron inmortalizados como gigantes para toda la historia de la humanidad.

Siempre se recordará cómo Don Quijote dice a Sancho:
- La aventura va guiando nuestras cosas mejor de lo que acertáramos a desear; porque ves allí, amigo Sancho Panza, donde se descubren treinta, o poco más, desaforados gigantes, con quien pienso hacer batallas y quitarles a todos las vidas, con cuyos despojos comenzaremos a enriquecer; que ésta es buena guerra, y es gran servicio de Dios quitar tan mala simiente de sobre la faz de la Tierra.
- ¿Qué gigantes?- dijo Sancho Panza.
- Aquellos que allí ves- respondió su amo- de los brazos largos, que los suelen tener algunos de casi dos leguas.
- Mire vuestra merced- respondió Sancho- que aquellos que allí se parecen no son gigantes, sino molinos de viento, y los que en ellos parecen brazos son las aspas, que, volteadas del viento, hacen andar la piedra del molino.
- Bien parece – respondió Don Quijote- que no estás cursando en esto de las aventuras; ellos son gigantes; y si tienes miedo, quítate de ahí, y ponte en oración en el espacio que voy a entrar con ellos en fiera y desigual batalla.

Si quiere continuar el capítulo puede revisar este link.

Publicado originalmente el 25 de septiembre de 2006

Objetos holandeses (Aruba)

Cuando cumplí 15 años, el regalo de mis padres fue mandarme a Aruba. Por supuesto, en un principio, yo quería ir a Holanda. Sin embargo, en ese momento no era posible. Pero Aruba era una muy buena opción: es una colonia holandesa.
Uno de los momentos más emocionantes de ese viaje, fue cuando nos tomamos una foto cerca de un molino de viento, una imitación de los famosos molinos holandeses.
Pero antes de seguir con las memorias del viaje, es necesario hacer un pequeño recuento de la historia de Aruba y su relación con Holanda:

Historia de Aruba

Los primeros moradores de Aruba fueron los indios Arawakos, aproximadamente desde el 290 a.C. El primer europeo que visitó la isla fue el español Alonso de Ojeda en 1499. Durante muchos años la isla cambió de manos por ciertos periodos de tiempo: En 1656, cerca de la culminación de la Guerra de los 80 años entre España y Holanda, los holandeses tomaron posesión de la isla y mantuvieron el control casi dos siglos. En 1805, durante las Guerras Napoleónicas, los ingleses asumieron el control de la isla, que retornó a menos holandesas en 1816.

Desde el primero de enero de 1986 Aruba se convirtió en un ente aparte del Reino Holandés. Con el nuevo status de Aruba, el Reino Holandés tiene tres componentes separados: Holanda, las Antillas Neerlandesas y Aruba. El gobierno del Reino de Holanda es responsable por la defensa y asuntos externos de todo el Reino. Otras funciones de gobierno son realizadas por cada entidad individualmente.

Las escuelas de Aruba están sujetas al mismo standard aplicado en los centros educativos holandeses. La enseñanza es en holandés pero también se intensifica en el español y el inglés.

Para ver más información de la historia de Aruba le recomiendo hacer click AQUÍ
.

Como recuerdo de ese ambiente holandés (hay partes de Aruba que conservan la arquitectura clásica holandesa) me llevé un pequeño molino de viento y unos zuecos holandeses.

Pero estos objetos no son sólo “recuerdos” o “regalos” que hacen alusión a Holanda. Son objetos totalmente significativos de lo que es la “lucha contra el mar” que han llevado los holandeses tan bellamente narrada por Amicis en las anteriores entradas.

Los holandeses han realizado una labor paciente, adjunto con la misma naturaleza:

“materiales arrastrados por las corrientes y acumulados por los fuertes vientos que soplan sobre el litoral han elevado en las dunas que defienden en las costas el menor nivel del suelo respecto al mar; junto a esas dunas, o delante de ellas, se ha reforzado la defensa natural mediante la construcción de diques; inmediatamente se han formado nuevas dunas ante éstos y se ha extendido el terreno; y entonces se alzan nuevos diques y la tierra que queda a su respaldo se dedica a pastos y cultivos. Así se ha ampliado constantemente la parte más baja del país, que en remoto tiempo fue tierra sumergida. La obra defensiva se completa por medio de murallones, canales y esclusas que absorben crecientes máximas y desaguan los excesos en otros puntos.

Las aguas que quedaron estancadas en el interior originaron pantanos que fue preciso desecar, y allí se produjeron los llamados polders. Para su desagüe se construyeron canales que han llegado a formar una bastísima red; ante ellos se han levantado otros diques de defensa. Además, con esos canales se han formado vías internas de comunicación supliendo su navegación la falta de terreno para construir carreteras y ferrocarriles en diversos puntos. La desecación de los pantanos explica un detalle muy vulgarizado con respecto a este país: sus clásicos molinos. Éste ha sido el medio empleado para su inmensa obra, aprovechando para mover sus aspas la gratuita fuerza del viento, que es constante y a veces fortísimo. Es también el viento el que obliga a usar a las holandesas esas graciosas tocas que les caen con dos pequeñas alas blancas sobre las orejas, y la humedad constante del piso es la causa de sus característicos suecos de madera.” (Tomado de Enciclopedia ilustrada Cumbre, México, 1964).

NOTA: Debo anotar, además, que la postal de los holandeses de arriba es un regalo de mi tía, y por tanto, otro de mis "objetos holandeses". La tengo un la puerta de mi cuarto junto con otras postales

Publicado originalmente el 24 de septiembre de 2006

Holanda por Edmundo de Amicis (Continuación)

La narración de Amicis, a mi manera de ver, es sumamente descriptiva y literaria. Pensar en Holanda como "una conquista del hombre sobre el mar" da luces sobre lo mágico de este territorio: un lugar que persiste a pesar de los obstáculos y las dificultades. Algo extraño debe tener, para que los holandeses hayan decidido seguir ahí...
Es interesante cómo al leer este texto uno se puede transportar a este lejano mundo a través de las palabras.

Quiero aclarar que "(stt)" significa "sin tilde en el texto".

Y continúa Amicis:

Para hacerse cargo de esta verdad, es preciso figurarse la Holanda tal como era cuando fueron á habitarla las primeras tribus germánicas que andaban errando en busca de una pátria.

Holanda era un país casi inhabitable. Eran bastos lagos –tempestuosos como mares- que se tocaban unos á otros; lagunas junto a lagunas; malezas tras malezas; inmenzos bosques de pinos, encinas y alisos, recorridos por manadas de caballos indómitos; en cuyos bosques –dice la tradicion- (stt) podian (stt) andarse de árbol en árbol, sin tocar á tierra. Las profundas bahías llevaban hasta el corazón (stt) del país la fúria de las tempestades boreales. Algunas provincias desaparecian (stt) una vez al año bajo las aguas del mar y eran llanuras fangosas, ni tierra ni agua, por las que era tan imposible andar como navegar. Los grandes rios (stt), que no tenian inclinacion (stt) bastante para desaguar en el mar, iban acá y allá, como inseguros del camino que habian (stt) de tomar, y se adormecían formando grandes estanques entre las arenas de la costa. Era un país siniestro, recorrido por vientos furiosos, azotado por pertinaces lluvias, velado por una niebla perpetua, donde no se oía más que el mugido de las olas, los rugidos de las fieras y los gritos de las aves marinas. Los primeros pueblos que tuvieron el valor de plantar allí sus tiendas, debieron levantar con sus propias manos montecillos de tierra para librarse de los desbordamientos de los rios (stt) y de las invasiones del océano y vivir en aquellas alturas como náufragos en islas solitarias, bajando al retirarse las aguas para buscar alimento en la pesca y en la caza, y recoger los huevos depositados en las arenas por los pájaros marinos. César, al pasar, fue el primero que nombró aquellos pueblos. Los demás historiadores latinos hablaron con piadoso respeto de aquellos intrépidos bárbaros que vivian (stt) en “tierras flotantes” expuestos a la intemperie de un cielo inclemente y a las cóleras del misterioso mar del Norte; y la imaginación (stt) se complace en figurarse a los soldados romanos que, de lo alto de los fuertes avanzados del Imperio, azotados por las olas, contemplaban con tristeza y admiración (stt) á las tribus errantes por aquellas tierras desoladas, como una raza madecida del cielo.

Ahora, cuando se piensa que una region (stt) semejante ha llegado á ser uno de los más fértiles, de los más ricos, de los mejor ordenados países del mundo, se comprende lo justo que es el dicho de que Holanda es una conquista del hombre.

Pero hay que añadir: es una conquista continua.

Publicado originalmente el 18 de septiembre de 2006

Holanda por Edmundo de Amicis

En ese marco de ir y venir de mis memorias, y las que de ellas se relacionan con Holanda, quisiera que alguien más incluyera las suyas propias (en este caso Edmundo de Amicis) para dar sentido – o al menos ciertas pistas- sobre lo que es ese país tan extraño que es Holanda.

Así que decidí -basada en la idea de que los Cronistas de Indias narraban a América desde sus propios códigos y así fue como por mucho tiempo fue entendida en el Viejo Continente- que un viajero del siglo XIX narrara su visión de Holanda.
En este caso quien narra es un apasionado y popular escritor italiano que decide viajar por Europa para relatar a sus contemporáneos cómo son otros países, entre ellos Holanda. Edmundo de Amicis (1846-1908) logra hacer adecuadas y bellas descripciones de este país, que se adecúan totalmente con esa visión mágica y fascinante que siempre le he tenido y que no quisiera perder. Como he dicho ya hace algunas entradas, lo que quiero es crear ese imaginario del país sin conocerlo, esa idea maravillosa que se tiene de lo desconocido. Y en esa medida le creo a Amicis (más popular por su obra Corazón), tanto así como los españoles creían a los Cronistas.

Así, he decidido transcribir literalmente apartados del primer capítulo del libro Holanda de Amicis. La edición que transcribo es del año 1883, traducida por H. Giner de los Ríos y Muñiz Carro e impresa en Madrid en la Librería de V. Suárez:

HOLANDA

El que mira por primera vez en un mapa grande de Holanda se admira de que pueda existir un país de sus condiciones. A primera vista no puede decirse si hay más tierra o más agua, ni si Holanda pertenece más al continente que al mar. Al ver aquellas costas rotas y comprimidas; aquellos profundos golfos; aquellos grandes ríos que, perdido el aspecto de tales, parece que llevan al mar nuevos mares, y aquel mar que, casi trocándose en rio, penetra entre las tierras y las divide en archipiélagos; los lagos, las grandes lagunas y los canales que se cruzan en todas partes, parece que un país tan poco consistente debe disgregarse y desaparecer de un momento a otro. Diríase que no puede ser habitado más que por castores y focas, y se piensa que los habitantes –porque hay gente bastante atrevida para vivir allí– no deben vivir en paz.
Esto fue lo que pensé la primera vez que miré un mapa grande de Holanda y entré en deseos de saber algo acerca de la formacion (stt) de este singular país; y, así como lo que supe me determinó á hacer este libro, lo escribo con la esperanza de que decida á otros á leerlo.
Tratándose de un país que no se conoce, se suele hacer esta pregunta á los que lo han visto:
-¿Qué país es ese?
Lo que es Holanda, lo han dicho muchos en pocas palabras.
Napoleon (stt) dijo que era un aluvion (stt) de rios (stt) franceses –el Rhin, el Escalda y el Mosa– y con este pretexto lo agregó al Imperio. Un escritor lo definió como una especie de transacción (stt) entre la tierra y el mar. Otro como una inmensa capa de tierra que flota sobre las aguas. Otros, un anejo del viejo continente, la China de Europa, el fin de la tierra y el principio del Oceano (stt), una descomunal almadia de fango y arena; y Felipe II, el país más cercano al infierno.
Pero todos estuvieron de acuerdo en un punto y lo manifestaron con las mismas palabras: -Holanda es una conquista del hombre sobre el mar, -es un país artificial,- lo hicieron los holandeses, -existe porque los holandeses lo conservan, desaparecería si los holandeses lo abandonasen.

Como muchos dirán que estoy poniendo demasiado texto, trataré de intrigarlos y hacer que esperen la siguiente parte del mismo.

Publicado originalmente el 13 de septiembre de 2006

Más memorias (Finding Forrester)

Mi tío abuelo y mi padre llevaban una relación muy especial. El primero era un excelente arquitecto. Mi padre en sus inicios de la carrera de arquitectura decidió visitarlo para que le ayudara a solucionar un problema que tenía con el diseño de unos planos. Así que un día llegó de sorpresa a su apartamento a pedirle ayuda. Mi tío abuelo duró un par de horas revisando los planos, hasta que –por fin- habló y exclamó: “sí tiene solución”. Mi padre estaba muy feliz pensando en que se la iba a dar, hasta que se percató de que la solución existía pero que nadie se diría, porque él mismo debía buscarla. Así comenzó una envidiable relación de maestro-alumno, que posteriormente se convirtió en mucho más que eso.

Hace por lo menos tres años mi padre alquiló la película Finding Forrester (2000) del director Gus Van Sant. Antes de verla nos advirtió cómo en ésta se visualizaba perfectamente la relación que él tuvo con mi tío abuelo –al menos en sus inicios-. Después de verla, no pude dudar del parecido.


Van Sant, además de Finding Forrester, ha dirigido películas como Psycho (1998) y Elephant (2003). De esta última quisiera resaltar cómo se utiliza de música de fondo la Paralisa de Beethoven, melodía que cada vez que oigo me recuerda a mi abuela tocando piano. El piano que ella siempre quiso que alguno de los nietos usara, pero que, por el momento, sigue siendo tocado exclusivamente por ella. Seguramente en herencia de las habilidades de su padre, un excelente pianista.

Publicado originalmente el 13 de septiembre de 2006

Foto de León de Greiff tomada por Abduk Eljaiek

Continuamos con las memorias.

Al inicio de este diario se encuentra una foto de León de Greiff tomada por el colombiano Abduk Eljaiek. Quisiera comentar por qué puse ese retrato y no otro.

La foto de Eljaiek pinta a León de Greiff en medio de libros. Así me lo he imaginado siempre.

Desde que tengo memoria mis padres me llevaban a visitar a mi tío abuelo, un señor de rasgos fuertes y sabio, muy muy sabio. Todo su apartamento estaba repleto de libros. En los únicos dos lugares donde no había estanterías con libros era en el baño y la cocina. Tenía volúmenes añorados por cualquier gomoso de la literatura como las obras completas de Shakespeare y Dostoievski en Aguilar y miles de colecciones de literatura universal completas.


En mi infancia yo simplemente sabía que había libros y más libros en aquel particular apartamento, cuestión que nunca me incomodó en la medida en que siempre los he querido. Además mi tío abuelo siempre profesó su amor a ellos, cosa que me atraía enormemente. Alguna vez le dijo a mi padre (un día en que le estaba explicando por qué no le gustaba prestar sus libros): “es que son mis amigos”. Todas las obras que había allí tenían sus propias anotaciones y muchas de ellas guardaban recortes de periódicos con respecto a su temática o autor. Además, varios de los libros guardados en su apartamento los había leído dos o tres veces.

Hoy en día, por esta cuestión del oficio editorial, comprendo las joyas que había a punto de caérsele encima a alguien en esa casa.

Sin embargo, mi tío abuelo no era estudioso de la literatura sino un consagrado arquitecto. Por eso su casa también tenía hermosos libros de Le Corbusier muchos de ellos comprados en Francia, cuando fue a hacer sus estudios de Maestría.

Cuando pequeña, era para mi normal encontrar ese mundo repleto de cultura que había en el apartamento de mi tío abuelo. Siempre que íbamos se armaban “tertulias” sobre los temas más diversos en los que muchas veces participaban grandes personajes. Así, en aquellas visitas hubo siempre dos nombres que se me grabaron en el inconciente porque me fueron repetidos por años y años: Le Corbusier y León de Greiff. De hecho, para mi oído, los dos nombres se confundían y siempre creí que esos dos personajes eran extranjeros.

Fue una grata sorpresa enterarme, ya mayor, cómo León de Greiff era colombiano y también muy amigo de mi tío abuelo, quien, por supuesto, tenía todas sus obras (muchas de ellas inéditas). Cuando lo leí, no se si por simple sugestión de haber oído tanto su nombre, este poeta captó mi atención.

Así, cuando vi el retrato del fotógrafo colombiano Abduk Eljaiek de León de Greiff sentí esa grata sensación de estar viendo algo que es conocido y familiar, aunque no lo sea. Nunca conocí a León de Greiff pero sí tengo noción de parte de su obra. Y por sobretodo, relaciono su vida a la de mi tío (no se si inconcientemente) y a ese mundo de tertulias cultura y libros, muchos libros que son los amigos tanto del poeta como del sabio (si no es lo mismo). En la foto tomada por Eljaiek al poeta lo ilumina la luz de la ventana, pero esa luz (si se quiere, su musa inspiradora) sólo es posible que se de en medio de esos libros, que me recuerdan tanto a mi tío abuelo.

Siento que esa foto capta la esencia de un ser extraño, lleno de sutilezas y en búsqueda de entender el mundo como León de Greiff, así como capta perfectamente la relación que inconscientemente hago entre el poeta y el sabio (mi tío abuelo). Abduk Eljaiek no retrató simplemente una cara, un personaje: lo que hizo al retratar a León de Greiff fue inmortalizar su mundo, su vida y su pensamiento en un sólo instante.